Un convencional historia El cuarto capítulo de Devil May Cry cuenta la historia de Nero, un humano cuyo brazo derecho es demoníaco, lo que lo convierte en un ser medio humano, medio demonio. Su brazo le proporciona poderes cercanos a los demonios, y por eso es el único que puede salvar a su amada. La historia comienza con la Orden de las Espadas como eje central. Este culto controla la vida de sus fieles y se autoproclama enemigos de los demonios.
Cuando Dante aparece eliminando a gran parte de los miembros de la Orden, queda claro que es justamente lo contrario, una secta que adora a los demonios, cuyos recientes sacrificios están abriendo las puertas demoníacas.
Un Devil May Cry igual pero diferente Nero es el protagonista del juego. Un personaje extrañamente parecido a Dante, demasiado quizá, y que ve en él a su enemigo. Este es uno de los cambios fundamentales de Devil May Cry 4, no controlaremos a Dante excepto en unas pocas misiones. El grueso del protagonismo recae en Nero.
Este giro argumental no es perjudicial dentro del contexto Devil May Cry, sin embargo no controlar a Dante es una pequeña desilusión para muchos. El motivo, bajo nuestro parecer, es que Capcom quería ofrecer a los jugadores un Devil May Cry de nueva generación, pero al ser esta la cuarta entrega de una saga podía suponer una muralla para aquellos jugadores que no conocieran nada de las aventuras de Dante.
La solución, presentar a Dante desde otro punto de vista (de Nero), para al final dar a conocer a este personaje y dejarlo preparado para una más que segura quinta entrega.
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