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Desde el primero que salió hace ya unos años, Call of Duty ha sido una de las franquicias más populares y de más éxito entre los aficionados del ocio digital. No sólo es un juego que trata de sorprender al jugador siempre, sino que está muy enfocado al enfrentamiento multijugador.
Sin embargo, ha habido entregas más irregulares que otras. El secreto está en que alternativamente, los juegos Call of Duty han sido desarrollados por dos estudios diferentes. Por un lado Infinity Ward, los creadores originales de Call of Duty 1, 2 y 4. Y por el otro Treyarch, con Call of Duty 3, Finest Hour y Big Red One. Mientras que los primeros conseguían grandes premios y reconocimiento de crítica y público, los segundos no alcanzaban el nivel mínimo exigible para la saga, con el consiguiente enfado de aficionados.
Después del impactante Call of Duty 4, uno de los mejores juegos del pasado año, todo el mundo dio por supuesto que la franquicia seguiría por ese camino marcado. Es decir, abandonar definitivamente la Segunda Guerra Mundial y actualizar los conflictos virtuales en un escenario más moderno. Sin embargo, no ha sido así, y al final tendremos un quinto Call of Duty, pero situado nuevamente en el conflicto de mediados del siglo pasado.
¿Un atraso en la saga? El tiempo lo dirá. Lo que si que es cierto es que no deja de ser un poco desconcertante avanzar un paso y retroceder dos. Sea como sea, este nuevo Call of Duty World at War está siendo creado por Treyarch, que es justamente el estudio con los peores títulos de la saga.
Que el resultado final sea bueno o menos bueno sólo dependerá de ellos, pero al menos lo que sí hay que reconocer es que intentan mejorar su imagen con algunos cambios muy interesantes.
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